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Obesidad infantil, la gran amenaza

Miriam

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El exceso de horas al día de televisión se relaciona en los niños con pobres hábitos alimenticios, según han concluido investigadores de Harvard en la “47 Conferencia Anual sobre la Epidemiología y Prevención de la Enfermedad Cardiovascular de la Asociación Americana del Corazon”.

Ambas actitudes, el sedentarismo y la mala alimentación, se correlacionan con un incremento del peso y del �ndice de Masa Corporal (IMC) que puede resultar en consecuencias nefastas y cada vez mas tempranas.

Se entiende por sobrepeso un IMC superior a 25 y por obesidad un IMC mayor de 30. La obesidad en edades tempranas debemos considerarla un problema a la orden del día; la prevalencia en España en la población infantil y juvenil (2-24 años) es de un 13,9% en cuanto a obesidad y un 26,3% en cuanto a sobrepeso, cifras para nada despreciables que nos colocan a nivel europeo en uno de los puestos más elevados, sólo detrás de Italia, Grecia y Malta. Más del 95% de los casos de obesidad tienen una causa nutricional o exógena, mientras que el resto son debidos a síndromes dismórficos, alteraciones endocrinas o del sistema nervioso central.

Las consecuencias y complicaciones que tienen lugar son de muy diversa índole:

1- En los jóvenes tiene lugar el llamado “círculo vicioso de la obesidad adolescente”, donde los problemas psicológicos y la pobre imagen de si mismos derivados del rechazo y aislamiento social y de la humillación por parte de compañeros y adultos les llevan a actitudes pasivas, con nula actividad física y gasto enérgetico mínimo, y recurriendo a los alimentos como salida más fácil y satisfactoria.

2- Por otro lado, las complicaciones para la salud a corto y largo plazo son dramáticas: deformidades ortopédicas, síndrome de hipoventilación y apnea del sueño, enfermedad biliar, HTA, enfermedad cardiovascular precoz, DM tipo II… Ésta última, considerada una enfermedad típica del adulto, comienza a aparecer en personas cada vez más jovenes y ¡¡hasta en niños!!, lo cual nos alerta de lo grave de la situación.

Por lo tanto, y siendo conscientes de la gravedad de la situación, en nuestras manos está el dar a los más pequeños una serie de pautas y costumbres que determinarán en gran medida su vida en el futuro; Así pues, se recomienda una alimentación sana y equilibrada, con alto consumo de fruta y verduras, basada en la pirámide de la dieta mediterránea, sin exceso calórico y con escaso contenido de bebidas azucaradas y bollería industrial. En cuanto a la actividad física, es importante que los niños la realicen de forma habitual, al menos una hora al día, de intensidad moderada.

Esta serie de pautas determinarán que cuando lleguen a la vida adulta sean capaces de llevar una dieta sana y se desarrollen como personas activas.

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